F1: Juan Pablo Montoya y Michael Schumacher, así fue la carrera en Brasil – Automovilismo – Deportes

Todo era color de rosa para Juan Pablo Montoya. Había salido desde la cuarta posición y tras dos vueltas ya lideraba la carrera. El colombiano iba a hacer historia en su tercera carrera. Hasta que un holandés acabó con el sueño.

Así como el auto de Juan Pablo Montoya se salió ayer de la pista y se evaporó de las estadísticas del Gran Premio de Brasil en el que escribía una historia fantástica, se desinfló la emoción de todo un país que estaba presenciando algo increíble: el colombiano, en su tercer carrera en la Fórmula 1, estaba ganando la carrera con una gran demostración de potencia y calidad al volante.

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Un accidente totalmente fuera de su control acabó con la demostración entre las vueltas 38 y 39 de la competición, pero lo que logró hacer es algo que hará diferente a la F1 del Siglo XXI tras lo ocurrido ayer.

El imperio de Michael Schumacher recibió una tremenda premonición cortesía de Montoya, quien logró en 40 minutos cuestionar cosas que se creían verdades irreversibles. Como, por ejemplo, que Schumacher es infranqueable e imbatible, que nadie le ganó a los Ferrari de 2001, que el motor BMW era frágil y que los neumáticos Michelin todavía estaban muy toscos. O que a Montoya le faltó mucho saber…

¿Y si supiera más?

En la salida, Juan Pablo pasó del segundo al cuarto puesto aprovechando que su compañero Ralf Schumacher estaba pegado al suelo y que, junto a él, el McLaren de Mika Hakkinen tenía el motor apagado, dejando el hueco perfecto para el movimiento de Montoya. , quien no dudó en cobrar por los errores de los vecinos.

Pero si esa salida ya tenía al país en llamas, había mucho más por ver. Y así. Para evacuar el coche de Hakkinen tuvieron que llamar al ‘coche de seguridad’ y por tercera vez en tantas carreras, Barrichello embistió por detrás al Williams de Ralf Schumacher, que sorprendentemente cambió de carril por delante del brasileño. El Ferrari de Rubinho se quedó sin morros y mutiló el alerón trasero del Williams. En ese momento, nadie podía imaginar que viviríamos esa misma película después, pero contra Montoya.

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Cuando los coches se alinearon en la recta para iniciar la segunda vuelta, la bandera verde estaba izada. Michael Schumacher iba primero, pero el Williams de Montoya, experto en estas habituales y frecuentes salidas en todas las carreras de Carts, estaba abarrotado y mucho antes de la curva uno, el colombiano ya se había colocado sobre la cuerda.

Schumacher, algo ingenuo al abrir la puerta sabiendo como dijo después que el Williams tenía mejor velocidad en la recta, intentaba aguantar mientras Juan Pablo con mucha sangre fría y seguridad estiraba su trayectoria hasta acabar la pista para el alemán.

Este trató de disuadir a Juan Pablo de la maniobra y puso su rueda delantera contra el costado del Williams. Ni el coche ni Juan Pablo se movieron de su línea y pocos metros después se jugaba el gran set del año en la F1: Montoya, primero; Schumacher, segundo. ¡Asombroso!

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Todos pensábamos que Michael iba a volver y que la presión sobre Montoya sería insoportable. Pero resultó al revés. Aplastado por semejante pase a manos de un novato, Schumacher nunca pudo seguir el ritmo de Montoya, que le iba distanciando por mínimas diferencias, hasta que la táctica de Ferrari de hacer dos paradas para cambiar neumáticos fue el golpe final para doblegar al invicto Campeón del Mundo.

Coulthard, tercero y hasta ese momento astuto observador del increíble duelo entre el debutante y el campeón del mundo, tomó el relevo de la persecución, pero sin poder descontar la distancia. Por el contrario, la luz aumentó.

Las nubes comenzaron a oscurecer el ambiente y la llovizna apareció para agregar dramatismo al gran acto que había montado Montoya ante la incredulidad del mundo. Pero su gestión era tan firme y las cuentas tan favorables, ya que iba a hacer una sola parada en boxes, que ya le empezaron a sacar las estadísticas a los 50 años para ver si se iba a convertir en el ganador más rápido de la F1. ya que apenas estaba en su tercera competencia.

Llegó el turno 38. Montoya pasó por el tráfico colero. Se ondearon banderas azules para advertir a Verstappen de la llegada del líder y dejó sus flechas naranjas en el carril interior de la entrada de la esquina. Montoya tomó el espacio libre y comenzó su frenado, de repente un poco más fuerte de lo habitual en previsión de que darían la vuelta emparejados con Verstappen.

El holandés vio pasar al Williams e inmediatamente volvió a la línea de carrera, pegado a Montoya. Calculó mal al frenar y embistió al Williams de una manera espectacular y peligrosa. Quizá sin intención, pero con resultados devastadores.

La carrera que siguió fue otra cosa.

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Allí porque llovió, porque Schumacher, el campeón, hizo un trompo y se equivocó en el tipo de neumáticos de lluvia, porque David Coulthard ganó y resucitó a McLaren y porque toda la prensa mundial acabó encima del colombiano, el nuevo héroe de la Fórmula 1. .

Aquí, porque la frustración, la alegría, la rabia y la ilusión se mezclaban en un solo sentimiento. Para Colombia y para muchos en el mundo, en la vuelta 38 terminó la carrera, física y anímicamente.

José Clopatofsky
Director de MOTOR

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